Comer con niños, Etiqueta en la mesa, Restaurantes en Barcelona, Ser camarero

No (como) sin mis hijos

Es domingo, los camareros lo saben. Hay carritos por doquier y niños corriendo de un lado para otro. Cada domingo es igual. A veces se preguntan qué mal habrán hecho en otra vida para merecer este suplicio. Porque algo tienen que haber hecho, uno no recibe este castigo nada más por que sí.

¿O sí? Tendría que ser la naturaleza muy injusta. Quizás es la forma en que el Universo me dice que es mejor esperar, que hay que usar condón y que formar una “linda” familia, como las de las películas, pues, todavía no está en mi lista de prioridades. La próxima vez que Joan me la vuelva a hacer le voy a hablar de los domingos en el restaurante. No, no será suficiente, lo haré venir. Sí, lo haré venir. Nadie que viva esto querrá tener hijos pronto, o nunca.

"¡Es domingo!, yeah, vamos a martirizar camareros!". El mejor método anticonceptivo que hay.

“¡Es domingo!, yeah, vamos a martirizar camareros!”. El mejor método anticonceptivo que hay.

Los padres, cansados, claro, después de un sábado en casa con los niños encima, quieren tomarse una cerveza, conversar y relajarse de cara al lunes. Si los niños han de correr, que corran. Son niños. Mejor que corran aquí a que luego quieran correr en casa. Además, el otro día, en la revista aquella de la peluquería, leí que es malo prohibir y decir todo el rato que no a los niños, pues altera su cerebro y los vuelve negativos. No, suficiente tienen ya con la influencia de su padre que todo el día les dice que no a ésto o a aquello. Mis hijos no serán de esos limitados que no pueden ser libres. Los míos NO. Que corran, mejor aquí que en casa.

Mesa para cinco, con tres carritos y dos tronas. Los restaurantes deberían tener un parking para tronas especialmente diseñado para los domingos. En sábados o lunes podría usarse para colocar una mesa, pero para los domingos la mesa tendría que levantarse y serviría solo para los carritos. No, yo el carrito lo quiero tener junto a la mesa. Señora, disculpe, es que no cabe. Es que el niño viene dormido y no lo quiero despertar y menos dejar aquí solito, tan lejos.

Potaje hirviendo a la mesa 17. Niño, ¡quítate! Si fuera mío estaría sentado en la mesa con los bracitos cruzados. Es increíble cómo los padres pueden pasar olímpicamente de sus hijos. Es el único día que están con ellos y los ignoran totalmente. Y claro, ellos hacen todo lo posible por llamar su atención (y la de todo el restaurante). Hay dos tipos de hijos muy molestos a la hora de servir. Los de los domingos, que corren por doquier, mueven sillas, tiran servilletas y comida, van al baño, revuelven las tarjetas de visita, juegan en el pase.

Los otros son los que gobiernan la mesa, esos no vienen solo los domingos. Llegas a tomar una comanda y pareciera que no hay ningún adulto capaz de tomar las decisiones importantes. El niño (o niña) en cuestión, manda. ¿Qué vas a querer? ¿Tendrás pollo con patatas? No señora, no tenemos pollo con patatas. Tenemos una carta llena de platos deliciosos que podría usted obligar (¿es la madre, no?) a probar a su hijo. ¿Tenéis macarrones? No señora, no tenemos macarrones. ¿Quieren café? El niño grita: nooooooooooo. No, gracias, la cuenta, dice la madre avergonzada.

¿Quién tiene la culpa? Yo siempre digo que son los padres los de la culpa. Mi padre nos mantenía a raya, no había quién se moviera. Mi abuelo nos llevaba de pequeños a desayunar una vez al mes. Si nos portábamos bien y nos comíamos todo lo que habíamos pedido, al salir nos compraba algo, nos daba la libertad de elegir. Eso es libertad. ¿La libertad del niño vale más que la libertad de nosotros los camareros de hacer bien nuestro trabajo? Yo cuando era niña siempre me portaba bien.

En Estados Unidos, siempre avanzados en el tema del servicio, en cada restaurante tienen colorines y manteles para pintar. En muchos restaurantes tienen también un espacio para que los niños jueguen. En Barcelona son pocos los lugares que tienen estos detalles con los niños, muchas madres se quejan de lo hostiles que son los restaurantes para los niños. ¿Qué hacer? Bueno, siempre podrían tener el kit restaurante, para llevar con ellos cuando vayan por ahí a comer, los domingos, por ejemplo. ¿Qué debe llevar un kit-restaurante? Colorines, libros para pintar, juguetes que no hagan ruido (para no molestar a los otros comensales, porque claro, no seremos los únicos en el restaurante).

A mí los niños que están mirando el Ipad toda la comida me dan “yuyu”. Estamos haciendo que nuestros hijos se vuelvan máquinas, que se vuelvan dependientes del teléfono o de la tableta. Yo prefiero que mis hijos se distraigan coloreando, ya son pocos los niños que saben usar el lápiz. ¡Ah! pero qué bien saben pasar página en el móvil.

Barcelona es una ciudad hermosa en donde sobran los sitios donde los niños pueden jugar y correr. Y claro, antes o después, siempre se debe hacer una parada para recargar fuerzas. Nuestra sugerencia, pensar en los camareros.

Barcelona es una ciudad hermosa en donde sobran los sitios donde los niños pueden jugar y correr. Y claro, antes o después, siempre se debe hacer una parada para recargar fuerzas. Nuestra sugerencia, pensar en los camareros.

No hay lugar a dudas, la culpa no es de los niños, pobrecillos. La culpa es de los padres, que pasan de ellos y los dejan a merced de la buena voluntad de los camareros. Y, ¿sabes? “habemos” algunos que no tenemos ninguna buena voluntad. Una vez se me cayó un plato de sopa encima de un niño que corría por el pasillo. Los padres se disgustaron conmigo, porque no tuve cuidado. El niño armó un alboroto aún mayor que el que ya estaba haciendo antes de quemarse. Claro, no me dejaron propina. A mí, desde entonces, cuando me molestan al pasar les propino alguna patada disimulada, para que los padres no lo vean. Algunos lloran muy fuerte y yo me disculpo, haciendo como que fue sin querer. Algunos no dicen nada, sin duda saben que lo que están haciendo no está bien.

Aquí cinco lugares en Barcelona en donde ir con niños, en domingo o no:

Els Pollos de Llull.- Tienen un espacio especial para los pequeños.

Hotel Majestic.- El brunch de los domingos tiene un apartado para niños, con comida especial para ellos y sala de juegos. Así los padres pueden tomar champaña sin el marcaje personal de los hijos.

Il Drago.- Tiene un rincón infantil con libros y juegos.

Papas & de Mamas.- Una cafetería en el Poblenou pensada para familias con niños.

Bar del Convent.- Un claustro del s. XV en el Born que alberga un espacio pensado para ir en familia a comer o a tomar algo a media tarde.

EXTRA: En el blog Mamma Proof se habla sobre actividades con pequeños en la ciudad.

Los personajes en este relato no son reales, pero están basados en cualquier camarero o comensal un medio día de domingo en algún restaurante barcelonés. Ora sí que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Estándar