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Si el MWC se inspirara en las cocinas barcelonesas

Barcelona tiene la suerte de albergar la feria más importante a nivel mundial de un sector que con el paso de los años se ha vuelto de los más importantes a nivel mundial. Aquí se dan cita cada año los titiriteros de un mundo sin el cual ya nuestra vida no tiene sentido: el de los teléfonos móviles. Aún faltan muchos retos y respuestas por alcanzar para el sector. Y mientras eso siga ocurriendo, y Barcelona pueda seguir albergándolos (huelgas de transporte aparte), la reunión anual seguirá realizándose aquí. Después de tantos años visitándonos, ya podrían aprender los cabezas del MWC sobre el sector gastronómico barcelonés, eso sí que tendría un alcance aún más mundial.

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Una de las ferias gastronómicas más importantes de la ciudad: Van Van Market, en la celebración de la ciudad, La Mercè.

En primera, todos, para vivir, necesitamos comer. Todos, para vivir, necesitamos comunicarnos. Si no me creen, pregúntenle al chico de “Into the wild”. Así como las comunicaciones han evolucionado, la gastronomía lo ha hecho también, en recientes años a pasos agigantados. Los de la industria móvil podrían aprender mucho de España sobre cómo volver un lujo una necesidad. Hace poco más de doscientos años se abrió el primer restaurante en Barcelona (Can Culleretes) y, ahora, en Tossa de Mar, por ejemplo, hay más de 20 bares por cada 1000 habitantes. ¡Tela!

Podrían estudiar del panorama hostelero barcelonés, que se ha adaptado a las necesidades del momento e incluso las ha creado. Hace apenas 25 años se abrió a las cocinas internacionales, gracias a los extranjeros que la visitaron con motivo de las olimpiadas y decidieron quedarse a vivir aquí. Ahora, nadie puede vivir sin ramen, pizza o tacos. Además, las crisis severas del sector (1993, 2009 y parece que hay una por venir) no han hecho sino pulir lo que no funciona y obligar a los restauradores a renovarse o morir. Menos ruido y más nueces, pues, señores del móvil.

¡Ya sé! algunos se escudarán diciendo que no es lo mismo, que ustedes tienen que regirse por unos lineamientos mucho más complicados. ¡No señor! Si alguien sabe de lineamientos y de leyes son los restauradores barceloneses. Aquí, con cada nuevo gobierno, hay un nuevo disparate. Y si no me creen, pregúntenle a los restaurantes de los portales de La Boqueria. Eso sí, ya verán que siempre hay una forma de darle una vuelta de tuerca a la ley con tal de ofrecer lo mejor a los clientes (o de hacerse de algún local con permiso en pleno Gótico). En esta ciudad, algunos de los restaurantes más innovadores comenzaron como productos clandestinos (los chicos del Spoonik Club tienen algunas historias que contar al respecto). Y muchos otros, siguen manteniéndose así. Pero no le digan a nadie que yo les dije.

Quizás esa situación es la que nos ha vuelto expertos en adaptarnos al entorno. Gracias a la feria, por ejemplo, el sector ha aprendido a llevar grupos grandes, a trabajar con alergias y regímenes alimentarios distintos a los españoles, a cobrar por antelación (gracias a que la mayoría de ustedes reservan y no se presentan…), e incluso, si me lo permiten, a hablar inglés, chino y lo que haga falta. Desde que el móvil está en Barcelona, restaurantes grandes y pequeños se han adecuado a las necesidades de los consumidores y no al revés. ¿Me escucha sucesor de Steve Jobs? Hay algunos que incluso este domingo, lunes y martes abrirán sus puertas sin hacer fiesta, para poder darles de comer a todos ustedes. ¡Olé ahí! Ojalá que las telefónicas aprendieran un poquito del servicio al cliente de la hostelería. Señores de Orange, Jazztel, Movistar o Vodafone, no dejen de pasarse por Entrepanes Díaz, que Jorge, Rafa y su equipo les darán un par de lecciones.

A los chefs catalanes el viajar les ha inspirado mucho y les ha permitido traer procesos e ingredientes que hace pocos años Néstor Luján no mencionaba en su “Historia de la Gastronomía”. La cosa es no conformarse con lo ya escrito y abrir fronteras mentales, pues en los restaurantes de alta cocina de todos los países del mundo, hasta hace muy poco, las liebres “a la royale” y los “chateaubriand” eran cosa de todos los días. ¿Qué hicieron los chefs? Se fueron a los mercados, a los puestos en la calle, se internaron en la selva y aprendieron de los más humildes. ¿Oído cocina “mister Zuckerberg”?

Parte de esa humildad y de esa curiosidad los ha llevado a acercarse a las mujeres. Sí, esos entes casi desconocidos para ustedes, que en su feria llevan minifaldas y entregan caramelos, tampoco tenían mucho sitio en las cocinas internacionales, hasta hace muy poquito. Los cocineros no solo han descubierto mundos enteros en los recetarios de sus abuelas y sus madres, sino también de las curanderas, las mayoras, las amas de casa, las marchantas, las cocineras, las chamanas y todas esas voces femeninas que en occidente hombres trajeados como ustedes no se han cansado de callar. No les vendría mal, por una vez, abrir los oídos, no pensando en el dinero solamente sino en necesidades aún más básicas. Las mujeres tenemos mucho que decir, por teléfono y en persona, solo hace falta preguntarnos.

Antes de que se me olvide, ya que van a hacer una “inmersión” en los restaurantes barceloneses, hay una cosita que estaría bien que no aprendan, lo digo por aquello de que no faltan los escándalos en su sector de explotación laboral en minas africanas o de la caducidad de sus productos y su inexistente red de reciclaje. Nada de copiar los horarios inhumanos, malas pagas y el “bullying” a sus empleados que practican a mansalva restaurantes de la ciudad, en especial los grandes grupos. Olvídense también de imitar el desperdicio de producto que abunda en muchas cocinas. Si quieren aprender de los buenos, cerciórense de imitar a restaurantes cuyos trabajadores sean de largo recorrido, como el Via Veneto, por ejemplo. Échenle un ojo también a la iniciativa “Gastrorecup” de la Ada Parellada, para inspirarse en aquello de no desperdiciar.

Pues eso, para el sector hostelero barcelonés, sus visitas anuales, no han pasado desapercibidas. Esperamos que, para ustedes, sus visitas anuales a nuestros restaurantes tampoco lo sean. Abran bien los ojos, abran bien los paladares, afinen los oídos, y aprendan de los mejores, que el móvil tiene pocos años de haber llegado, pero la cocina, esa llegó desde hace algunos cientos de años, ¡i ñor!

 

Texto y fotos de Ana Luisa Islas. La reproducción parcial o total de este texto o fotos es posible, siempre y cuando se cite y se ligue con este blog. 

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Comer con niños, Etiqueta en la mesa, Restaurantes en Barcelona, Ser camarero

No (como) sin mis hijos

Es domingo, los camareros lo saben. Hay carritos por doquier y niños corriendo de un lado para otro. Cada domingo es igual. A veces se preguntan qué mal habrán hecho en otra vida para merecer este suplicio. Porque algo tienen que haber hecho, uno no recibe este castigo nada más por que sí.

¿O sí? Tendría que ser la naturaleza muy injusta. Quizás es la forma en que el Universo me dice que es mejor esperar, que hay que usar condón y que formar una “linda” familia, como las de las películas, pues, todavía no está en mi lista de prioridades. La próxima vez que Joan me la vuelva a hacer le voy a hablar de los domingos en el restaurante. No, no será suficiente, lo haré venir. Sí, lo haré venir. Nadie que viva esto querrá tener hijos pronto, o nunca.

"¡Es domingo!, yeah, vamos a martirizar camareros!". El mejor método anticonceptivo que hay.

“¡Es domingo!, yeah, vamos a martirizar camareros!”. El mejor método anticonceptivo que hay.

Los padres, cansados, claro, después de un sábado en casa con los niños encima, quieren tomarse una cerveza, conversar y relajarse de cara al lunes. Si los niños han de correr, que corran. Son niños. Mejor que corran aquí a que luego quieran correr en casa. Además, el otro día, en la revista aquella de la peluquería, leí que es malo prohibir y decir todo el rato que no a los niños, pues altera su cerebro y los vuelve negativos. No, suficiente tienen ya con la influencia de su padre que todo el día les dice que no a ésto o a aquello. Mis hijos no serán de esos limitados que no pueden ser libres. Los míos NO. Que corran, mejor aquí que en casa.

Mesa para cinco, con tres carritos y dos tronas. Los restaurantes deberían tener un parking para tronas especialmente diseñado para los domingos. En sábados o lunes podría usarse para colocar una mesa, pero para los domingos la mesa tendría que levantarse y serviría solo para los carritos. No, yo el carrito lo quiero tener junto a la mesa. Señora, disculpe, es que no cabe. Es que el niño viene dormido y no lo quiero despertar y menos dejar aquí solito, tan lejos.

Potaje hirviendo a la mesa 17. Niño, ¡quítate! Si fuera mío estaría sentado en la mesa con los bracitos cruzados. Es increíble cómo los padres pueden pasar olímpicamente de sus hijos. Es el único día que están con ellos y los ignoran totalmente. Y claro, ellos hacen todo lo posible por llamar su atención (y la de todo el restaurante). Hay dos tipos de hijos muy molestos a la hora de servir. Los de los domingos, que corren por doquier, mueven sillas, tiran servilletas y comida, van al baño, revuelven las tarjetas de visita, juegan en el pase.

Los otros son los que gobiernan la mesa, esos no vienen solo los domingos. Llegas a tomar una comanda y pareciera que no hay ningún adulto capaz de tomar las decisiones importantes. El niño (o niña) en cuestión, manda. ¿Qué vas a querer? ¿Tendrás pollo con patatas? No señora, no tenemos pollo con patatas. Tenemos una carta llena de platos deliciosos que podría usted obligar (¿es la madre, no?) a probar a su hijo. ¿Tenéis macarrones? No señora, no tenemos macarrones. ¿Quieren café? El niño grita: nooooooooooo. No, gracias, la cuenta, dice la madre avergonzada.

¿Quién tiene la culpa? Yo siempre digo que son los padres los de la culpa. Mi padre nos mantenía a raya, no había quién se moviera. Mi abuelo nos llevaba de pequeños a desayunar una vez al mes. Si nos portábamos bien y nos comíamos todo lo que habíamos pedido, al salir nos compraba algo, nos daba la libertad de elegir. Eso es libertad. ¿La libertad del niño vale más que la libertad de nosotros los camareros de hacer bien nuestro trabajo? Yo cuando era niña siempre me portaba bien.

En Estados Unidos, siempre avanzados en el tema del servicio, en cada restaurante tienen colorines y manteles para pintar. En muchos restaurantes tienen también un espacio para que los niños jueguen. En Barcelona son pocos los lugares que tienen estos detalles con los niños, muchas madres se quejan de lo hostiles que son los restaurantes para los niños. ¿Qué hacer? Bueno, siempre podrían tener el kit restaurante, para llevar con ellos cuando vayan por ahí a comer, los domingos, por ejemplo. ¿Qué debe llevar un kit-restaurante? Colorines, libros para pintar, juguetes que no hagan ruido (para no molestar a los otros comensales, porque claro, no seremos los únicos en el restaurante).

A mí los niños que están mirando el Ipad toda la comida me dan “yuyu”. Estamos haciendo que nuestros hijos se vuelvan máquinas, que se vuelvan dependientes del teléfono o de la tableta. Yo prefiero que mis hijos se distraigan coloreando, ya son pocos los niños que saben usar el lápiz. ¡Ah! pero qué bien saben pasar página en el móvil.

Barcelona es una ciudad hermosa en donde sobran los sitios donde los niños pueden jugar y correr. Y claro, antes o después, siempre se debe hacer una parada para recargar fuerzas. Nuestra sugerencia, pensar en los camareros.

Barcelona es una ciudad hermosa en donde sobran los sitios donde los niños pueden jugar y correr. Y claro, antes o después, siempre se debe hacer una parada para recargar fuerzas. Nuestra sugerencia, pensar en los camareros.

No hay lugar a dudas, la culpa no es de los niños, pobrecillos. La culpa es de los padres, que pasan de ellos y los dejan a merced de la buena voluntad de los camareros. Y, ¿sabes? “habemos” algunos que no tenemos ninguna buena voluntad. Una vez se me cayó un plato de sopa encima de un niño que corría por el pasillo. Los padres se disgustaron conmigo, porque no tuve cuidado. El niño armó un alboroto aún mayor que el que ya estaba haciendo antes de quemarse. Claro, no me dejaron propina. A mí, desde entonces, cuando me molestan al pasar les propino alguna patada disimulada, para que los padres no lo vean. Algunos lloran muy fuerte y yo me disculpo, haciendo como que fue sin querer. Algunos no dicen nada, sin duda saben que lo que están haciendo no está bien.

Aquí cinco lugares en Barcelona en donde ir con niños, en domingo o no:

Els Pollos de Llull.- Tienen un espacio especial para los pequeños.

Hotel Majestic.- El brunch de los domingos tiene un apartado para niños, con comida especial para ellos y sala de juegos. Así los padres pueden tomar champaña sin el marcaje personal de los hijos.

Il Drago.- Tiene un rincón infantil con libros y juegos.

Papas & de Mamas.- Una cafetería en el Poblenou pensada para familias con niños.

Bar del Convent.- Un claustro del s. XV en el Born que alberga un espacio pensado para ir en familia a comer o a tomar algo a media tarde.

EXTRA: En el blog Mamma Proof se habla sobre actividades con pequeños en la ciudad.

Los personajes en este relato no son reales, pero están basados en cualquier camarero o comensal un medio día de domingo en algún restaurante barcelonés. Ora sí que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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